Episodio 19: Todos los perros muerden
1
Hay historias, casos que la policía tienen que lidiar que pueden sonar bien estúpidas, una ridiculez. No obstante, esa es la primera impresión que se tiene hasta que se excava más y se descubre un sin número de cosas increíbles y que convierten el caso en algo bien serio y muchas veces forma uno de los más grandes logros de todo un Departamento… éste era uno de ellos.
Todo tomó lugar en una de las más grandes e importantes competencias caninas, esa donde los perros se las lucen mostrando sus divertidos, simpáticos y siempre increíbles talentos. Ya fuera saltar en un aro con fuego saliendo ileso, leyendo un mini discurso de una manera chistosa pero impresionante hasta cierto punto, entre otras cosas más.
—¿Estás listo?
El campeón por cinco años consecutivos, Larry Charles Friedman, de unos cuarenta años y el pelo casi canoso miró cariñosamente a su mascota. Un Beagle de unos dos años. Accidentalmente, aunque eso no podía ser probado, el beagle estornudó al mismo tiempo que asentía con la cabeza.
Larry se rió.
—Perfecto.
—Damas y Caballeros, démosle un gran aplauso al cinco veces ganador, Larry Friedman y su mascota Bobby.
En ese instante, Charles puso al perro en el suelo y salio del backstage hacia el escenario, dando saltos y moviendo las manos sin ningún orden aparente. Pero algo salió mal, por primera vez en media década, bobby no se movió. Se quedó mirando a su dueño, exactamente donde éste le dejó.
Larry sonrió nerviosa y avergonzadamente.
—Algo está ocurriendo, al parecer Bobby está sufriendo una especie de miedo escénico o de repente le ha dado un complejo de humildad… —bromeó el presentador.
Los jueces se miraban entre si, al igual que el público. Friedman no dejaba de transpirar cada vez más. Nauseas, fiebre, no se sentía para nada bien.
Entonces, ocurrió. Nadie, absolutamente nadie se lo veía venir. Bobby salió y comenzó a morder el pantalón de su dueño. Hizo esto por unos dos minutos, confundiendo aún más a todos. Luego, los demás perros comenzaron a enloquecer, ladraban sin ninguna razón aparente, sus amos trataban de tranquilizarlo. Eso no le gustó a las mascotas. Los más grandes se escaparon al morder a sus dueños y salieron corriendo directamente hacia Friedman. Empezaron a morderle por doquier.
Los demás, alarmados, trataron de huir pero al abrir la salida, le esperaban una veintena de perros furiosos, pitbulls para ser específicos. Furiosos, comenzaron clavar sus dientes en los aterrorizados viejos, adultos y niños que conformaban el público.
Ya no había alegría, sólo alaridos… y perros, muchos perros.
2
—¡Tranquilo! ¡Tranquilo, maldito perro!
Un hombre algo obeso trataba de calmar a uno de los perros, este no se dejaba, gruñía y ladraba.
—¡Vamos! ¿Qué te he hecho yo, amigo?
El perro parecía haber llegado a su punto máximo de paciencia y en ese instante se abalanzó contra el perrero. Estaba en los aires.
¡Bam!
El sonido del disparo irrumpió tan inesperadamente que algunos de los oficiales y forenses se asustaron, algunos salieron corriendo y el resto se tiró al suelo.
—¿Estoy vivo? ¿He llegado al cielo?
—No creo que este sea el cielo, en ese caso ahora más que nunca desearía llegar ahí.
El hombre abrió el ojo derecho. De pie, frente a él, se hallaba Ralph Skilt.
—¿Quién disparó? ¿Alguien está vivo? —gritó alarmado el capitán del equipo SWAT, junto a su equipo.
—No hay de qué preocuparse Willy, sólo estaba ayudando a este señor —Skilt apuntó al perrero, aún aterrado en el suelo—. El perro se le abalanzó y le disparé al maldito animal. Mucha gente ha muerto, y no quise que otro más lo hiciera.
El capitán se alejó refunfuñando.
—¡Levántate, compañero!
El hombre se levantó aunque debido al peso del detective y de él tardaron unos minutos y mucho esfuerzo.
—¡Muchas gracias!
—No hay de qué.
—Ese perro era inmenso y yo… estaba…
—Lo entiendo, si yo fuera usted me fuera ahora que no hay muchas personas.
—¿De qué habla?
—Pues no tendrá que vérselas con muchas gentes, bravuconas y cerradas en el departamento.
—Sigo sin entender…
—Mire sus pantalones.
El hombre así lo hizo y vio que estaban mojados.
—¡Oh, por Dios!
—Ese perro era inmenso, un asesino, devorador de hombres… no se sienta avergonzado.
—No es de los demás que me preocupo, es de mi esposa. La última vez que me mojé los pantalones, me dijo que si lo volvía hacer, me iba a matar.
—Apuesto que no hablaba en serio.
—Oh, usted no conoce a mi esposa… ¡ella es la reencarnación del mismo Satanás!
Ralph hizo todo lo posible para no reír.
—¡No estoy bromeando!
—Lo lamento, lo lamento… no era mi intención insultarle.
Pero lo había hecho, y el perrero se fue. Al hacer esto, Ralph Skilt empezó a reír.
—¿Qué es tan gracioso?
El detective se volvió y vio a Ronald.
—El pobre tipo que acaba de salir y… —carraspeó— ¿has logrado conseguir algo?
—He buscado por todos lados y encontré algunos químicos en alguno de los cuerpos. No sé de que se trata, pero uno de los perros, cuando me crucé cerca de él, enloqueció.
—Entonces alguien planeó todo esto, alguien quería a todas estas personas muertas.
—¿Cómo sabes que fue a todos y no a uno?
—Aquí no hubo ningún daño colateral, todos lo que estaban aquí eran parte del plan. Todos debían de morir.
—¿Por qué?
—Es obvio… fue como si los perros se rebelaran contra los humanos.
—¿Rebelión?
—Algo así.
—Tal vez, pero ¿por qué no empapó a todos con el químico?
—Porque nomás necesitaba uno para crear una revuelta canina. Ya fuera que los demás perros no lo olieran, de seguro el caos los alarmó tanto que les hizo perder la cabeza y comenzaron a morder a quien estuviera en su camino. De igual manera, ¿por qué no salieron? Puede que estuvieran rodeados, todos esos perros pitbulls no estaban en la competencia, en algún punto posiblemente aguardaban por el público saliera y ahí entraron en acción.
»No, Micks. Ya sabemos como pudo haber pasado, lo que debemos saber es el motivo. ¿Quién querría hacerles daño a estas personas? La manera en que la hizo, no había ninguna compasión por parte de la mente detrás de ello. Quiero todas las cintas de video, y todos los sobrevivientes son sospechosos y culpables hasta que se demuestre lo contrario.
3
—Buen perrito, así es. Come para que crezcas fuerte y puedas vencer.
El hombre acarició al perro, un pitbull. Sus manos eran peludas, igual que casi todo su cuerpo. El perro se le quedó mirando. Encendió el televisor. En ese preciso instante pasaban las noticias sobre la tragedia en el concurso de perros.
—La primera fase de nuestra venganza ha sido cumplida —dijo en voz grave mientras sonreía— ¿Oiste eso, Louis?
El perro al escuchar su nombre miró a su “líder” de manera inocente, considerando la clase de bestia que era.
La sonrisa paso a ser una risa escalofriante. Esto fue seguido por una decena de ladridos que se escuchaban en toda la casa.
4
—¿Qué es eso?
—Pues a primera vista parece el mismo Hombre Lobo.
—Sí, de eso no cabe la menor duda. ¿Crees que él es el culpable?
—Pues ya hemos hablado con todo el staff y demás. Al menos que sea lo que me comentabas hace poco, creo que ese es a quien buscamos. No digo que no pueda ser, es decir, tal vez alguien del público o de los demás concursantes deseaba ganar tanto que causó todo este desastre, y por cosas de la vida cayó él también…
—…es una posibilidad, pero lamento decirles que esa no es la razón.
Ralph y Micks se voltearon. Catherine venía caminando hacia ellos.
—Explícate.
—Pues tengo testigos que vieron a un hombre…
—¿Tipo peludo, tal vez fanático del Hombre Lobo?
—Sí, Ralph. ¿Cómo…?
Los dos hombres se hicieron a un lado para permitir a la forense ver las imágenes de la cámara de seguridad.
—Es él. Unos testigos le vieron por los alrededores del lugar, según dicen, un grupo de perros le seguían. Era como si el hombre fuera el líder de la “manada”.
—Bien, gracias Srta. McClear. Ya es obvio, ese hombre es el culpable. Ahora la pregunta es: ¿Estaba solo o tenía algún cómplice?
—Bue…
El móvil de Skilt empezó a sonar, lentamente los demás comenzaron hacer lo mismo.
—¿Diga?
—¿Dónde estás?
—Pues haciendo mi trabajo, querida hermanita. ¿Qué me dices de ti?
—No es tiempo de bromas, una tienda de mascotas ha sido tomada como rehén.
—¿Una tienda de mascota siendo tomada como rehén?
—Una decena de perros, y eso no es todo.
—Vamos, no me mantengas en suspenso.
—Un lunático está hablando de una rebelión contra los humanos.
—Hmm… a ver si te lo describo. Alto, fornido tan peludo como un maldito oso.
—Así es… ¿cómo lo sabes?
Ralph cerró el celular y lo puso en su lugar. Miró a los dos forenses.
—¿No aman cuando los tipos malos vienen a ustedes sin la necesidad de buscar demasiado?
5
—Quiero que entiendan algo, y metanselo en la cabeza. No me importa lo que digan los malditos lunáticos del PETA y esos pendejos, si uno de esos animales trata de atacarlo, le disparan. ¿Entendido?
Los cinco oficiales SWAT asintieron.
—Perfecto.
Todos se encontraban alejados, a unas pocas distancias, de donde ocurrían los hechos. El transito se había vuelto un desastre, puesto que la tienda se encontraba en una pequeña plaza en una de las avenidas más transistadas. Los perros rodeaban a varios de los autos, y nadie podía salir. Alguno lo habían intentado y sus cuerpos yacían desespedazados en medio de la calle.
—Sr. Clifton, estamos listos.
El capitán de la policía asintió.
—¿Qué me dices, Ralph?
El detective desde que llegó no había dejado de observar al extraño y peludo personaje que no paraba de gritar disparates.
—Ya ustedes le oyeron, el tipo quiere empezar una rebelión, y de animales. Ya he visto el Planeta de Los Simios, aquella película de las ratas y demás. Estas cosas nunca terminan bien si empezamos apiadarnos de los demás. No digo que entremos y disparemos sin tener en cuenta las vidas humanas que sin querer están en medio de la línea de fuego. ¿Sí saben a lo que me refiero?
El Jefe del equipo SWAT, un hombre alto, fornido y calvo asintió.
—¿Lo matamos?
—Al fin de cuentas le van a dar la pena de muerte luego de la masacre en el concurso; pero si pueden lograr atraparlo vivo, me gustaría tener una charla con él, ya saben como me gustan esos tipos locos, siempre tienen algo que me entretienen.
—Bueno, veré lo que puedo hacer, pero mi trabajo es la seguridad de la nación, no divertirle.
—Sí, eso es lo malo de ya no ser el Jefe, ¿eh?
—¿Extraña esos días?
—Claro…
—¡Oigan! —los dos hombres se volvieron a mirar a Stuart— Lamento interrumpir su conversación, pero tenemos a un tipo loco allá. ¿Se les ha olvidado?
—Para nada… ¿listos?
El resto del equipo asintió y con rifle en alto, corrieron hacia el hombre. En ese preciso instante, varios perros se abalanzaron contra ellos, el sonido de los disparos no se hizo esperar. El “revolucionador” se volteó a mirar que pasaba.
—¡Hey!
En ese momento se escuchó el sonido de otro disparo, el hombre peludo cayó al suelo, herido en el brazo. Detrás de él, un joven dentro de la tienda sostenía una escopeta en su brazo, estaba nervioso. Dejó caer el arma y comenzó a revolcarse del dolor en el brazo. El equipo de SWAT tomó esta oportunidad para avanzar y llevarse al lunático. Los perros ladraban, saltaban y morían cada vez más.
Al final, recogieron el cuerpo abaleado, el hombre aulló del dolor al ser levantado; pero a la agente de pelo negro, piel blanca y de buena apariencia no le importó. Se fueron, salvando muchas vidas y algunos cadáveres humanos y un mar de perros muertos.


corto, interesante la trama, un final diferente. Me encantó! el ser humano no está acostumbrado a que los culpables, o el culpable se presente a las autoridades.